Title: Caminando sobre el agua
Description: pa' los lectores xulos xD
Jen - June 13, 2006 03:24 AM (GMT)
CAMINANDO SOBRE EL AGUA
Capítulo 1
Estambul... lo primero que te llama la atención es su aroma. Especias, cuerpos, perfumes, polvo, frutas, todo te pega como una pared sólida. Luego son las personas. Te digo, no hay ningún momento de paz aquí. Todos se están moviendo, caminando, hablando y la mayor parte del tiempo, gritando. Supongo que este era un lugar extraño para pasar las vacaciones, pero no importa...
Barriendo el sudor de mi frente, mientras el ardiente sol quemaba mi oscuro cabello, visualicé un brillo de luz desde la esquina de mi ojo. Me dirigí hacia allí, haciéndome camino entre la gente y los aromas. Era una botella... como una botella de cerveza, excepto que la parte de abajo era más redonda, y el cuello más largo y finito. Era del color violeta más profundo, que jamás haya visto. Me hipnotizó. Supongo que es una botella de perfume, pero no la abrí. Le pagué al hombre, que al contrario de los demás, no me acosó para que comprara algo.
Abracé la botella y me dirigí de regreso a mi hotel. No lo llamaría lujoso, pero tenía aire acondicionado, una linda ducha, toallas blancas y acolchonadas con las que podía vivir. Me senté con las piernas cruzadas en la punta de mi cama, rozando mi dedo sobre el vidrio. No se por qué contuve el aire antes de abrir la botella, pero lo hice. Por un segundo no pasó nada, pero hubo un repentino humo de niebla que salía de la misma. Luego miraba el pecho descubierto de alguien, y cuando miré hacia arriba, me encontré viendo los más asombrosos ojos negros que jamás haya visto. Justo ahí me desmayé.
Abrí mis ojos, mirando el techo blanco de la habitación del hotel. Aún estaba sosteniendo la botella abierta, y casi me rió. La niebla talvez tenía algún olor que me mareó, entonces me dormí. Ningún hombre increíble. La televisión estaba prendida... raro... no recuerdo haberla prendido. Y estaba en lo cierto. Justo cuando me senté, dejé escapar un agudo grito, y salté hacia el otro extremo de la cama. ¡Santo Dios! ¡Ahí estaba él! Sentado tranquilamente en el sillón, como si fuera dueño del mismo. Mi respiración se calmo, pero mi corazón se agitó más cuando lo miré fijamente. Era maravilloso. Estaba vistiendo algún tipo de pantalones blancos de seda, y una blusa abierta de color negro que combinaba con sus ojos. Su pelo, era castaño oscuro, brillante como el diamante que uno de los comerciantes me mostró. La luz del sol proveniente de la ventana iluminaba su cabello (que estaba atado en una colita salvo por su flequillo), y se dio vuelta lentamente, mirándome extrañamente. Su rostro incrementaba su belleza, y tenía una complexión pálida.
“¿Cómo demonios entraste en mi cuarto?” Logré decir, esperando que no vaya a decir de la botella, porque eso ciertamente probaría que estoy loca. Eso sí, él me miraba como si ya lo estuviera, así que aclaré mi garganta. “No se cómo entraste ni me interesa, ¿pero podrías retirarte?” Oh Jesús, este es mi cuarto y ¿yo le estoy pidiendo educadamente que se retire?
Se levantó de la silla y caminó hacia mi. Me apoyé contra el marco de la cama, pero él se detuvo al pie de la misma y me miró fijamente. “No puedo irme hasta que pidas tres deseos.”
Mi boca se abrió. ¿Qué es esto, Aladdín? “Entonces, ¿qué eres, un genio o algo parecido?” Él asintió con la cabeza. Oh. Mi. Dios. “Pero....¡no existen los genios!”
“Tienes tres deseos antes de que puede ser libre de regresar a mi botella,” dijo, claramente ignorando mis palabras. Demonios, pensé que supuestamente debía frotar una lámpara o algo... no una botella.
“¿Tengo tiempo?”
Regresó a la silla, sentándose. “Tienes todo el tiempo que necesites.”
Todo el tiempo del mundo. Guaw. Es como un sueño hecho realidad. Pero sorpresivamente, no me importaban los deseos en ese momento, sólo quería conocer un poco más al atractivo castaño oscuro. Me levanté de la cama, dejando la botella y sentándome en otra silla, apoyé mi rostro sobre mis manos mientras lo veía. Él me miraba con ojos atentos, y le sonreí.
“Bueno, ¿cuál es tu nombre?”
Volvió a mirar la televisión, pero no antes de que pudiera ver sus ojos abrirse de repente. “Hao.”
“Mi nombre es Proe. Encantada en conocerte.” Pero fue sordo ante mis palabras, sus ojos pegados a la televisión.
Después de un momento de silencio, estaba deseando hacerle unas preguntas. “¿Puedes cancelar los deseos?”
“No,” me dijo fríamente, sin mirarme.
“¿Puedes pedir más deseos?” aunque ya sabía la respuesta a esa pregunta.
“No,” y su voz sonó aún más fría que la vez anterior.
Otro momento de silencio. “Hao... No deseo nada.”
Esta vez si se dio vuelta, dándome una mirada sospechosa, esperando que yo continúe hablando. Enredé mi dedo en mis cabellos, mientras me mordía el labio. “Bueno, Se que tener tres deseos el sueño de toda persona,” reí, “pero no los quiero. Quiero decir, ¿qué pasa si hago algo malo en el mundo o algo parecido? ¿Qué pasa si me arrepiento de lo que pedí?” Sacudí mi cabeza. “¿Hay alguna manera de que los canceles?”
Me miró intensamente a los ojos, casi haciéndome sonrojar. “No.”
Suspiré. “Bueno... ¿puedes darme algún consejo o algo por el estilo? Digo, si tuvieras tres deseos, ¿qué pedirías?”
Apagó la TV, y giró todo su cuerpo hacia mi, y su pelo marrón se movió durante el proceso. “No tengo permitido realizar mis propios deseos.” Había algo de tristeza en su voz.
Levanté mis cejas. “¿Y si lo hicieras igual?”
Miró a otro lado. “Desearía ser mortal.”
Moví mi cabeza a un costado. “¿Por qué?”
Él me miró cortantemente. “Haces demasiadas preguntas, humana.”
“Bueno, tu tampoco eres el señor carisma,” Le reproché. “Desearía que me contarás más de ti.”
Él rió y yo me di cuenta de lo que había hecho en un segundo. Gruñí en voz alta, golpeando mi cabeza con mi mano ante mi estupidez, cayéndome en el proceso de la silla. “¡Auch!” Usando ambas manos, me masajeé el lugar que golpeé. Ahora fue su momento de mirarme con la boca abierta. Cuando el dolor se fue, me sentí sudada y sucia por primera vez desde mi regreso de mi caminata. Me puse de pie, agarré una toalla, aún enojada conmigo misma. “Voy a bañarme,” le dije, que supongo no era necesario.
Cerré con llave la puerta, dejando correr el agua, sacándome mi ropa y hundiéndome en el cielo. Ahhh. ¡También había burbujas para el agua! Mientras las burbujas comenzaban a formarse, miré a mi costado, y casi gritó, automáticamente tapando mi pecho con mis manos, pero como las burbujas eran demasiado densas no importaba. “¡¡¡¿¿Qué DEMONIOS estás haciendo aquí??!!!”
¡Ahí estaba nuevamente! Estaba sentado en el borde de la bañera, sus piernas colgando y mirándome a la cara. Está bien, talvez no estaba mirándome de arriba a abajo, pero igual era vergonzoso, y sentí una ola de calor subir a mis mejillas. Con mi brazo aún cubriéndome, me giré a ver hacia la puerta. Todavía estaba cerrada, lo que significa que el flotó a través de ella. Volví a mirar al castaño, pero sus ojos ahora estaban mirando hacia más abajo. Por suerte, las burbujas llegaban hasta mi cuello, así que pude remover mi brazo, y lo cerré formando un puño, mirándolo amenazantemente. “¡¿Qué estás haciendo AQUÌ?!” Me calmé y esperé impacientemente su respuesta.
“No has terminado tu primer deseo.” Ahora se cruzó de brazos, mirándome tranquilamente, sin siquiera sonrojarse o avergonzarse. “¿Qué es lo que quieres saber sobre mi?”
Fruncí el ceño profundamente. “Dime, ¿todos los genios son así?”
Levantó una ceja, otorgándole un gesto picaron. “Tienes suerte de que yo no esté *adentro* de la tina contigo.”
Quería empujarlo hacia afuera, pero no me animé, así que simplemente lo miré con enojo, esperando que las burbujas no se disolvieran rápidamente.
“No has terminado tu primer deseo,” repitió.
Jen - June 13, 2006 03:25 AM (GMT)
Capítulo 2
“No has terminado tu primer deseo,” repitió.
Giré mis ojos. “¿No podemos hacerlo más tarde?”
Negó con la cabeza. Dios ¿acaso todos los genios son así? Tan persistentes... o talvez sólo quería mirarme mientras me bañaba. Lo vi mover la cabeza hacia un costado.
“Me recuerdas a alguien...”
“¿En serio?” dije sarcásticamente, sin saber si eso era un halago o no.
Él asintió con la cabeza. “Un amo que tuve hace mucho tiempo. Ella solía tomar baños y me hablaba desde la bañera.”
Le levanté una ceja. “De todas maneras ¿qué edad tienes?”
Él parpadeó. “Soy tan viejo como el tiempo.”
Lo miré. “No lo aparentas.”
“Pero lo soy.” Me observó cuidadosamente. “Tu no pareces mayor de veinte años.”
Me encogí de hombros, y continué bombardeándolo de preguntas.. “¿Quién fue tu último amo?”
Hubo una mirada lejana en sus ojos, y sus cejas se juntaron. “Tuve tantos, pero creo que el último fue el emperador de la Dinastía Chian.”
Por alguna razón, ya nada de esto me sorprendía. “¿Alguno te amó?”
Me miró fijo, sus ojos penetrando los míos. “Si, algunos pocos lo hicieron.”
Hubo un gran silencio después de eso, sólo roto por los pequeños movimientos del agua. Ya no me sentía incómoda, pero me di cuenta que las burbujas se estaban disolviendo. Comencé a alcanzar la botella con las burbujas de agua, pero de repente la tina se lleno de burbujas blancas. Miré a Hao y noté un sonrisita en su rostro. Me di vuelta y agarré la esponja.
“¿Te puedes ir ahora?”
Movió las cejas. “No has terminado tu deseo todavía.
Le di una mirada fuerte e intensa y le dije entre dientes. “¿Por favor?”
Me miró antes de flotar fuera del baño. “Sus deseos son ordenes, amo.”
Enojadamente me limpié, murmurando, “Maldito genio.”
Vestida en mi sudadera de algodón negra larga, salí del baño sintiendo el aire frío de la noche moverse en el cuarto. Calor durante el día. Frío durante la noche. La alegría de esta ciudad. Hao estaba sentado en el sillón nuevamente, mirándome con esos ojos suyos.
Lo ignoré, lanzándome a la cama sobre mi estomago. Me agarré la pera con mis manos, levanté mis piernas en el aire, observándolo. “¿No te piensas ir hasta que yo no haga los otros dos deseos, cierto?”
Asintió con la cabeza. Parecía diferente en la oscuridad, más... misterioso y oscuro. Pero sus ojos brillaban como carteles de neón, y la luz de la luna dibujaba sombras en su rostro.
“Quiero decir,” empecé, girando para ponerme sobre mi espalda, mirándolo de abajo para arriba, “tus amos anteriores... ¿qué pedían?”
Se apoyó contra el respaldo del sillón, desinteresado. “Algunos pedían riqueza, poder, conocimiento...” se quedó pensando y luego frunció el ceño. “Algunos pedían amor.”
“¿Amor?” pregunté, sintiendo una jaqueca empezar por tener toda esa sangre en la cabeza. “¿Cómo puedes entregarles amor?”
Se cruzó de brazos, una extraña mirada en su rostro. “Un hombre solitario quiere una mujer... una mujer que quiere un hombre, es simple.”
“Eso no es amor,” dije volviéndome a poner sobre mi estomago.
“¿Quién eres tu para decir que eso no es amor?” me dijo, sus ojos acusando.
“Porque...” Titubeé, y él espero impacientemente. “No es lo mismo.”
“¿Oh? ¿Entonces que es, humana?”
“¡Mi nombre es Proe, por el amor a Dios! ¡Y tu que puedes saber! ¡Sólo eres un genio!” Gateé al final de mi cama, y me metí profundamente bajo las cobijas, tratando de bloquear sus ojos de mirar mi cabeza. ¿Me lo estaba imaginando? ¿O de verdad se vio triste por un segundo?
Un brillante rayo de sol entró en forma de cascada al cuarto y abrí mis ojos lentamente. El cuarto estaba tranquilo... talvez aquello fue todo un sueño y recién me acababa de levantar del mismo. Me senté, y casi gritó por lo que parecía ser la vez numero cien. Hao estaba sentado al pie de la cama son las piernas cruzadas, una mirada de asombro adornaba su cara. Aunque esperaba un brazo alrededor mío, igual me asusto hasta los cielos.
“Buen día.”
Giré fuera de la cama. “¿Puedes por favor nunca volver a hacer eso?”
“Si amo.”
“Mi. Nombre. Es. ¡Proe!” Casi le gritó. “No me gusta que me llamen ‘humana’ y tampoco me gusta el apodo ‘amo’.”
En ese momento sentí a mi estomago crujir, pero me sentía demasiado molesta como para avergonzarme. En menos de un segundo, la mesa que se encontraba en la mitad de la habitación se lleno de repente con comida. Pasé por al lado del genio y me senté a la mesa, demasiado orgullosa como para darle las gracias. Él apareció en frente mío, y empezó a comer.
“¿Duermes?”
No levantó su vista de la comida. “Si, pero no es necesario.”
Dejé de hablar y me concentré en la comida.
“¿Has decidido tu segundo deseo?”
Sacudí la cabeza en forma de negación, pero por dentro me puse triste. Talvez en realidad se quería marchar... pero yo no quería.
“¿Es difícil?”
Asentí con la cabeza.
“¿Por qué no pides fortuna y fama...?”
Sonreí, sacudiendo la cabeza. “No quiero ser famosa, y no necesito dinero. Todo lo que necesito es mi orgullo, y dignidad.”
Por la primera vez desde que conocí a Hao, su mirada dejó de ser fría. “Tu no eres feliz.”
“No tienes derecho a decir eso,” le grité enojada.
Movió la cabeza para el costado de nuevo, dándome una mirada que preguntaba. “Ayer me dijiste que el amor que le daba a mis amos... no era amor. ¿Puedes explicármelo?”
Mis hombros se achicaron, y desvié mi mirada. “No puedo... es algo que se siente, no que se explica.”
“¿Pero cómo sabes como se sentían?”
“No lo se. Creo que me equivoqué...” Me paré, y abrí mi cómoda para sacar mis ropas, sin darme cuenta de que me estaba mirando.
Me di vuelta furiosamente, y lo miré directo a los ojos. “La cosa que yo quiero, Hao, es algo que tu jamás podrás darme.”
Odió a Hao. Lo odió porque piensa que yo no soy feliz. Lo odió porque tiene razón. Me comencé a cambiar en el baño, mirando la puerta para asegurarme de que no vaya a entrar. Talvez tenga que volver a tener citas. Me miré al espejo, observando mi remera amarilla escote en V con unas pequeñas flores negras en la parte inferior derecha de la misma, y mis mini shorts. Salí del baño, y agarré mi cartera, sin mirar ni un segundo a Hao cuando cerré la puerta. Pero cuando me di vuelta, me lo encontré ya afuera del cuarto, viéndose... diferente.
Había perdido sus ropas de genio, y vestía en cambio unos jeans negros, sandalias, y una larga camisa que llevaba desabotonada, mostrando una gran porción de su pálida piel y pecho musculoso. Su flequillo rodeaba su cara, y su largo cabello - que hoy llevaba suelto - caía sobre sus hombros.
“¿Qué estás haciendo?” Le pregunté, regresando mi mirada a su rostro.
“Ir contigo,” respondió, como si yo fuera estúpida o algo.
Comencé a caminar por el pasillo y él me siguió, copiando cada uno de mis pasos. Resistí el discutir con él y, mientras alcanzábamos la puerta que daba con a la calle, ya se sentía el intenso calor. Polvo y tierra giraba alrededor de mis pies, pero lo ignoré, y seguí caminando. La calle estaba igual de llena y ocupada que ayer, pero igual me fascinaba. Después de un par de horas, Hao parecía un poco aburrido. Estaba a punto de gritarle que fue SU idea el acompañarme, pero me sentí fatigada. Nos detuvimos en un restaurante y lo primero que ordené fue vino. Hao no pidió nada, sólo se cruzó de brazos y me miró. No sé cuantas copas de vino me tomé, pero como Hao me hacia subir la presión sanguínea, no me importó. El vino te baja la presión, pero sólo una copa. Está bien, al diablo con eso. Todos se veían un poco borrosos y Hao me miró severamente.
“Estás tomando mucho.”
Parpadeé. “¿En serio?”
“Creo que estás borracha.”
Sacudí mi mano en gesto de desprecio hacia sus palabras. “Estoy bien.” Estaba a punto de servirme otra copa cuando la botella desapareció. Gruñí. “No, ¡eso es mío! Lo pagué.”
Me miró cansado, cosa que me molestó. ¿Qué se cree que soy? ¿Una niña? El vino me estaba haciendo sentir un poco cansada, así que apoyé mi cabeza en la mesa. Pero no me dormí antes de ver a Hao girar sus ojos.
Jen - June 13, 2006 03:27 AM (GMT)
Capítulo 3
Nunca puedes controlar tus sueños.
Sabía que estaba soñando.
Sentí una mano acariciando mi rostro. Luego suaves labios en mi cuello, siguiendo mi clavícula. Me sentí como una gatito recién nacido. No podía escuchar, no podía ver, sólo podía sentir. Me convertí en una masa de nervios, sintiendo esas manos sobre mi. Corrían por el costado de mi cuerpo, mi pelvis, mis piernas, y yo no me podía mover para nada. Quería más, pero también... quería que terminara. Todo parecía seda en mi piel, suave y fina.
Abrí mis ojos precipitadamente y en vez de sentir el frío aire de la noche, sentí calidez. No, un calor intenso. Había magia en el aire y emociones acechando en la oscuridad. Sentí un brazo apretarme alrededor de mi cintura, mi corazón chocó contra mis costillas. Me di vuelta lentamente, y vi profundos ojos negros golpear contra los míos. Me sonrieron pícaramente.
“¿Qué estás haciendo?” Le pregunté suave, y peligrosamente.
No me dejó ir. Una sábana cubría mi cuerpo, pero me di cuenta, horrorizada, que estaba desnuda. Me congelé en sus ojos, y sonrió en forma pesarosa.
“Te gustó.”
“No, no me gustó.” Le contesté con rapidez, ajustando mi mano contra la sábana, asegurándome de que mi pecho este tapado seguramente.
Se movió lentamente y se colocó arriba mío, y me sentí muy asustada como para moverme. Como para pensar. Sentí sus labios tocar los míos y me sentía como si estuviera encadenada. Su beso fue directo y verdadero, y fue bajando, mordiéndome, besándome, lamiéndome.
“No, por favor... para,” Titubeé, paralizándome.
Él no se detuvo. “Lo quieres.”
“N..no, ¡no! ¡No!” Mi propia voz sonaba a lastima en mis oídos.
Continuó merodeando con sus manos. “Tendrás que desear que me detenga.”
Casi gritó al despertarme. La luz del sol golpeaba torpemente contra mis ojos pero igual pude ver a Hao. No acostado a mi lado, no en mi cama, pero sentado contra la ventana. Me estaba mirando con aburrimiento. Me sentí como si un tren me hubiese atropellado.
“¿Qué pasó?” Gruñí para afuera, masajeándome mi sien.
Había asombro en sus ojos. “Ayer estabas borracha, ¿no te acuerdas? Tuve que traerte al hotel y luego te dormiste.”
Así que me levanté. Tuve dos sueños en una sola noche. Oh mi Dios. El alivio se expandió en mi, al igual que decepción. Pero mientras me lavaba la cara frente al espejo del baño, vi marcas de mordidas en mi cuello.
Lo miré cuidadosamente desde mi cama, tratando de descubrir si había algo diferente en él. Él sólo estaba ahí parado. Mirando hacia afuera. Yo estaba furiosa.
“Estás enojada ¿no?”
“¡Ni que lo digas!” Le grité y me crucé de brazos fieramente. “Se que hiciste algo.”
Sus ojos me hicieron burla. “¿En serio?”
“¡No es gracioso Hao! ¡¿Qué demonios hiciste?!” Odio que se burlen de mi y, encima, lo hizo muy bien.
“¿Qué quieres que te diga, Proe?” Me dijo tranquilamente.
“¡Deja toda esa boludez ahora mismo y dime la verdad!” Me di vuelta pare dejar de verlo y mis piernas bajaron de la cama. “¡Desearía que dejaras de mentirme!”
Está vez no me arrepentí de mi deseo, aunque ni siquiera lo había planeado. Silencio al instante. Me di vuelta, y vi a Hao ponerse pálido. Genial, se lo merecía. Ahora era mi turno de reír cínicamente.
“Hao...” Comencé a decir, y él pestañó. Lo ignoré. “¿Me hiciste algo ayer en la noche?”
Él frunció el ceño y alejó su mirada de la mía. “Si.”
Sorpresivamente, no estaba enojada. Sólo curiosa. “¿Por qué?”
Me contestó entre dientes. “No lo se.”
No podía mentir. Me acerqué a él y me senté en una silla frente suyo. “¿Tiene algo que ver con tu pasado?”
Me miró rápidamente. “¿Qué pasado Proe? Yo no tengo pasado.”
Era como si hubiese estado repitiendo esa línea toda su vida.
“Sin pasado, no hay futuro,” dije.
Se encogió de hombros. “Tampoco tengo futuro. ¿Cómo podría?”
“Todos tienen un pasado.”
Se levantó repentinamente, y se sentó en el marco de la ventana. “Yo no.”
El marco de la ventana era largo, así que me senté en el otro extremo, enfrentándolo.
“¿Estás feliz?” Esa pregunta no me la esperaba.
Mis ojos se achicaron. “Hao... es por eso que lo hiciste... ¿quieres hacerme feliz?”
Hubo un pequeño sonrojo en sus mejillas. “No es sólo eso. Creo que... fue porque me recuerdas a alguien.”
Moví mi cabeza hacia un costado. “¿A quién? ¿Uno de tus amos?”
Odiaba decir la verdad. “Si.”
“¿La amabas?”
Sonrió con nostalgia. “Si. Creo que lo que me atrajo de ella fue lo mismo que a vos te atrae de mi.” Ignoró mi rubor y continuó. “Tenía un pasado como yo, y un día salió de su coraza, y me lo contó. En realidad quería hacerla feliz. Pero me dijo que lo que ella quería yo no se lo podía dar.”
“¿Y qué era eso?” Cuestioné.
Él suspiró, y se sacó los flequillos marrones de su rostro. “Quería que reviviera a un muerto.”
“Y, ¿por qué no lo hiciste?” Esto se ponía fascinante.
“Porque, cuando alguien muere, su alma es liberada de su cuerpo. No es fácil conseguir el alma de vuelta. Me di cuenta que su verdadera felicidad sólo estaba con esa persona. No podía hacerla feliz, lo que significaba que no podía hacer que me ame.”
Nunca fue amado de verdad. Ese hecho frío me golpeó fuerte. Hao no era humano... eso lo hacía perfecto. Pero según lo que me contaba, también era imperfecto. Necesitaba de alguien. Alguien que pudiera enseñarle... ayudarlo.
“Y la peor parte es que,” continuó, mirando fuera de la ventana, “no he cambiado. No aprendí nada de eso. Mi camino no va ni para arriba ni abajo. Sólo es... llano.”
No sabía que hacer. No podía llorar, ni hablarle. Me paré silenciosamente y antes de que pudiera detenerme, envolví mis brazos alrededor de él livianamente. Se congeló por un momento, sus brazos paralizados a los costados. Me sentí una idiota, y estaba a punto de soltarlo, cuando comenzó a relajarse, y me abrazó fuertemente. El alivio era como una luz cálida para mi, e inhalé el suave aroma de su cabello. No podía saber que es lo que estaba pensando, porque la oscuridad cubría su mente como un velo. Guardaba su mente bajo llave. No expresaba emociones, pero sabía que se estaba desmoronando por dentro. Como deseaba poder eliminar su dolor, su pena... pero no me dejaría. Escondería su mundo desmoronado, mientras yo sólo lo podía ver.
No puedo sentir. No puedo sentir. No puedo sentir. Estar en su abrazo era tanto el cielo como el infierno. Estaba aullando con miseria, y todo lo que hice para aliviarla fue abrazarla más fuerte. Por un mero segundo, casi hizo a mi mente alcanzable de todas maneras. Eso me hizo temer. Quería alejarla de mi, hacerla desaparecer de las profundidades de mis pensamientos, pero no pude. Ella era una luz brillante que derretía las sombras de mi mente, pero no deje ir nada. Olía a jazmines, envolviéndome en una calidez que sólo ella podía trasmitir. No soy digno de esto. En serio, no lo soy. Yo estaba muerto, y con alas negras, la estaba trayendo hacia la oscuridad.
“No me sueltes.” Me sentí como un niño.
“No lo haré.”
Y nos quedamos abrazados.
Jen - June 17, 2006 01:45 AM (GMT)
Capítulo 4
“¿Hao?”
Salí lentamente del baño, después de ducharme y cambiarme a mis ropas de dormir. Hao no estaba en su silla habitual, en cambio estaba desparramado sobre mi cama, sus ojos fríos y oscuros. Al principio casi tenía miedo de acercármele, pero movió la cabeza hacia mi de manera lenta, sin mostrar signos de amenaza. Velas estaban prendidas sobre la mesa, suavemente iluminando su rostro, creando una luz celestial. El cuarto estaba invadido con el aire de la depresión y el silencio era cortante.
Después del abrazo de la mañana, Hao no volvió a hablar, ocultando sus sentimientos considerablemente. Sabía que no lo podía insultar y él no me daba ningún indicio de odio o disgusto. Me senté tiernamente a su lado, mis ojos apreciando su glorioso cuerpo. Vestía pantalones sueltos, una remera de algodón, y aunque ambas eran simples, las vestía con delicadeza y atracción. No dijo nada y por primera vez, se veía cansado y apagado.
“¿Estás bien?” Toqué su cara gentilmente, y se sobresalto un poco.
“Cansado,” fue su única respuesta, y cerró sus ojos.
“Hao, date vuelta.”
Abrió sus ojos, y me dio una mirada de confusión, pero me hizo caso de todas formas. Le levanté su remera hasta los hombros y toqué su piel tentadoramente. Diminutos escalofríos recorrieron su columna, y yo presioné mi dedo sobre su piel caliente.
“Te estoy dibujando una historia,” Le expliqué ligeramente, corriendo mis dedos por su espalda. “Es de alguna manera tranquilizador.”
Se rió y enterró su rostro más profundamente contra las sábanas. Le conté historias de malvados monstruos, que vivían en la oscuridad.
“¿Eres escritora?” Preguntó espontáneamente.
Me encogí de hombros. “¿Quién sabe?”
Dejó escapar un suave suspiro. “¿Todas esas criaturas son feas?”
“¡Claro! ¡Son espantosas!”
“¿Cómo puedes juzgar la fealdad?”
“No lo se. Talvez cuando no puedes soportar mirarlos.”
“Eso no es fealdad verdadera,” me dijo amargamente. “La fealdad sólo esta en el interior. Siempre oculta.” Nuestros ojos se conectaron por un segundo. “Siempre.”
Hao durmió conmigo esa noche. No, sin tocarnos... sólo... dormimos. Fue bueno despertar y encontrarlo aún dormido, pero igual estaba medio despierto, y alerta. Me moví lentamente fuera de la cama, y me acurruqué livianamente sobre la silla. Hao parecía tener mi edad. Me preguntó si todos se verán más jóvenes mientras duermen. Espié hacia fuera de la ventana, observando el paisaje matutino. Pronto me iré de este lugar. Viajó mucho, así que no tengo una casa permanente. Desearía poder llevarme a Hao conmigo. Sería tan simple desear que Hao sea humano... pero por alguna razón, no quería desear eso. Él perdería todo.
Jen - June 17, 2006 01:47 AM (GMT)
Capitulo 5
¿Ya lo amaba tanto? Usé todos mis deseos en él, y no en mí. Tenía oscuridad en su corazón, que él cree, jamás verá la luz. Era un alma cruel, seductora, y atormentada que saquea y quiebra vidas. Y sin embargo... lo amaba. Sacudí mi cabeza y suspiré. Demonios. ¿Cómo lo hace? Me sentía como una marioneta, y Hao estaba sosteniendo las cuerdas. Él no lo sabía, y casi no se da cuenta de ello. Era extremadamente frustrante, y casi deseo jamás haber abierto esa botella. Pero lo hice. Quería hacerlo.
Miré a Hao una vez más. Su perfecto contorno, oscuras y cínicas cejas, cabello marrón sedoso, y admití que fue hecho para ser tocado. Era hermoso en una manera cruel y haragana. Malvado. Era el príncipe de las nieves, frío y sin sentimientos.
Suspiré y fui en puntitas de pie al baño, cerrándolo con llave, y me deslicé dentro de la tina. Mantuve mis ojos en la puerta mientras me enjabonaba rápidamente. Una pesada botella de shampoo está preparada en mi mano para ser lanzada hacia el pobre genio que se atreviera a entrar. Me llevó un tiempo darme cuenta que olvidé traer una toalla conmigo. Genial. La idea de salir del baño desnuda estaba fuera de mis opciones. Y de ninguna manera desperdiciaría un deseo en una toalla. Gruñí y me aseguré de poner una cantidad extra de burbujas de baño en el agua, antes de hacer la cosa más idiota del mundo.
“¡Hao!”
Apareció en un instante, una pequeña sonrisa iluminando su rostro. “¿Me llamaste?” Se sentó demasiado cómodo en el borde de la bañera, mirándome con diversión, como si hubiese sabido que lo iba a llamar.
Me di vuelta, sonrojándome de color carmín. “¿Me alcanzarías una toalla?” Por favor, alguien matéeme.
Movió la cabeza a un costado, aún sonriendo. “¿Ya terminaste?”
“Si, Hao. Lo siento si te lo perdiste.” Le dije sarcásticamente, cruzándome de brazos.
Levantó una cínica, pero elegante ceja. “¿Me lo perdí?”
“La toalla por favor, si no es mucho pedir,” Agregué, lanzándole miradas asesinas.
“No, claro que no.” Con un invisible giro de su muñeca, una acolchonada y blanca toalla apareció al lado de la tina. Se cruzó de brazos con diversión, sin siquiera evitarme la humillación. “Es un placer.”
Le lancé la botella de shampoo a la cabeza, pero se rió y desapareció antes de que hiciera contacto con él. Me sentí un poco decepcionada en mi corazón. Era el mismo personaje frío, crudo, sardónico de antes, pero por un efímero segundo, me sentí orgullosa de mí misma al poderlo hacer salir de su coraza por un momento.
Mujeres. Tan impredecible, pero aún tan fáciles de interpretar. Era obvio que algo la estaba molestando, ya que estuvo sentada en la silla por un rato largo, pensando. Supongo que el evento del baño fue divertido, pero el recuerdo de la mirada en su cara cuando estuvo en la silla se quedó conmigo ese día. Ambos vagamos por las calles pavimentadas de afuera, y ella se olvido de lo ocurrido durante la mañana. De una manera, me sentí avergonzado ese día, cuando le devolví el abrazo. Si el mundo era frío, entonces yo debía de ser frío también. Ella era completamente lo opuesto, no se preocupaba por las sombras que tocaban la tierra o la frialdad deslizándose por tu piel.
Me miró atentamente, y me guió a través de la ocupada ciudad. ¿Qué la hacia tan atractiva? Era exquisita, con una belleza que era única en todos los sentidos. Suave y blanca piel, formadas curvas, cabello del color de los profundos rayos el sol. Ella no estaba enterada de su belleza, lo que la hacia aún más atractiva. Su sonrisa no estaba corrompida, y sus ojos llenos de inocencia. Y yo sería quien se la arrebatara. Estaba contaminando sus sueños. Y acá estaba teniendo una niña para seducir, atormentar, y sacudir. Se dio cuenta de que la estaba mirando y volvió a sonreír, tomando mi mano y guiándome por la transitada calle de nuevo. Su mano se sentía como suave pétalos de rosas, pero igual firmes y fuertes. Me hacía sentir como una persona de verdad. Como si en verdad permaneciera aquí.
¿Era posible enamorarse tan rápido? Agarré su mano más fuerte, estudiándola. Como quería saquear y abalanzarme sobre ese flexible carácter, pero me contuve. O algo me contuvo. Esa mujer. Como me acecha. Esa mujer es la sombra de mi pasado, siguiéndome a donde yo vaya, y mi oscuro pasado jamás será iluminado; significando que su sombra jamás se derretirá.
Nos tiramos en la playa a descansar, y ya se estaba haciendo tarde, e incluso a pesar de que el sol se puso y la luna apareció, nos quedamos. Miré la luna, hechizado con su brillo.
“Larga vida a Lucifer,” murmuré, “ángel caído.”
“Los ángeles tienen alas,” Proe me dijo suavemente.
“Ah si,” respondí. “Para empezar yo no tengo alas. ¿Dónde están las tuyas?”
“Oh, en mi corazón.” Me miró curiosamente. “Las tuyas están escondidas.” Sonrió, más para si que a mi. “Tu eres un ángel caído.”
“No seas tonta,” Le dije, sintiéndome avergonzado por recibir tal comentario. Yo no era un ángel. “Piensas demasiado sobre mi.”
Su sonrisa se agrandó, cosa que me confundió. “Cualquier maldad que tengas dentro tuyo, es sólo la parte esencial de la armonía en el mundo. Sin dolor, no puede haber placer. Sin oscuridad, no hay luz. Ángel o demonio, tu sostienes el equilibrio.”
Pensé sus palabras profundamente, y flecharon mi corazón. Ella era la única persona que podía decir esas cosas.
“Y además, si en verdad no tienes alas, Hao–” sus ojos brillaron, “siempre podrás volar conmigo.”
Jen - June 17, 2006 01:49 AM (GMT)
Capítulo 6
“Tienes suerte de ser un genio a veces.”
Hao me miró sorprendido. “¿Por qué?”
Era una fría noche, y yo estaba envuelta en una frazada que Hao me había dado. Hao estaba en su silla de siempre, mirando fuera de la ventana. A pesar de que lo que paso la última tarde fue asombroso, ninguno de los dos volvió a hablar de eso. Hao parecía no ser afectado con eso, así que no quería molestarlo. Me preguntó por cuánto tiempo va a seguir con esta farsa.
“Bueno, puedes crear cualquier cosa de la nada, y–” agregué, apoyando mi pera sobre mis manos, “eres mágico.”
Sus cejas se levantaron con asombro. “¿Qué hay de malo en ser humano?”
“No lo se, creo que es algo aburrido. ¿Puedo pedir ser un genio?”
Una mirada de horror se expandió por su rostro. Me reí, girando fuera de la cama. “Por Dios, Hao, ¡sólo estaba bromeando!”
Se vio con gran alivio, pero me igual me dio una mirada severa. “Que bien, casi me matas por un segundo.”
Reí, y me paré a su lado apoyando mis manos contra la ventana. “De verdad... debe ser divertido tener poderes mágicos.”
“Supongo,” dijo, mirándome fijamente. “Si lo piensas de esa manera. Pero los genios son inmortales.”
“¿Todos los genios?”
Parecía pensativo. “Si...”
***
Hao...
Abrí mis ojos. No al lado de Proe. No en una cama. No en una silla. No al lado de una ventana. Me desperté en la nieve. Era tan blanca que hacia que mis ojos se cerraran ante su brillo. Estiré mi mano, y la nieve comenzó a derretirse. Nieve... tan suave, tan pura, tan inocente... pero aún tan fría. Todo es... tan lejano. Vi una figura tapada acercarse a mi, y sabía quien era. Ella. Yuki. Era hermosa como lo recordaba. Su bufanda rosa flotaba detrás de ella, piel tan blanca y luminosa, ella casi combina con la nieve a su alrededor. Su largo cabello azul se movía con el viento, y había una pequeña sonrisa sobre su rostro.
“Hola Hao.”
Tragué saliva, un sentimiento enfermizo apareciendo en mi estomago. “Hola Yuki,” Pude decir a través del incómodo silencio, uno lleno de dolor y viejos recuerdos.
“Yuki... ¿puedo ir contigo?”
Sacudió su cabeza, retrocediendo. “No, Hao.”
Un sentimiento ardiente subió a mis ojos y garganta. “¿Yuki?”
“¿Si?” A pasado tanto tiempo. Tanto.
“¿Alguna vez me amaste?”
“Una vez.” Sacudió su cabeza, casi deseosamente y traté de buscar en su mente con mi corazón lleno e dolor. “Quería amarte. Pero... él me estaba esperando. Él es mi todo.”
Suspiré; uno de derrota y liberando la tensión y la desesperación. “Lo entiendo.”
Ella sonrió, lágrimas corriendo por su cara. “Siempre has entendido.”
Ella era el viento; algo que nadie podía atrapar o sostener. Que extraño que a la única persona que no podía cumplirle los deseos era a mi mismo.
“¿Hará Proe su último deseo?” le pregunté de forma urgente.
Su respuesta fue grave, y miró solemnemente en mis ojos. “Si, lo hará.”
“¿Y qué pedirá?”
“No lo se... Hao, debes entender. No importa cual sea su último deseo, acéptalo. Es mejor haberse sentido amado de verdad por un momento, antes de no haberse sentido amado nunca.”
Tomé un profundo y tembloroso aliento, mi mente aceptando sus palabras. “Pero... si no puedo estar con ella... y no puedo estar con vos... ¿lo puedes decir? Por favor dilo, Yuki. La única cosa que pude recordar cuando todo acabó. Por siempre.”
Comenzó a desaparecer, pero había una fuente de calidos sentimientos cayendo sobre mi. Su último regalo hacia mi, a parte de los recuerdos que tengo y guardo celosamente. Su cálido espíritu se contrajo contra mi, sacándome el aire de los pulmones.
“Te amo, Hao.”
Me levanté con lágrimas en mis ojos, y estaba en la cama de nuevo, Proe aún dormía a mi lado. Hace tanto que había tenido un sueño, y me quería reír ya que fue especialmente sobre ella. Mi mirada se posó en Proe, y su perfecta forma, tomando para mi su lujoso negro cabello, su blanca piel, y pacífica cara. Así que, iba a realizar su deseo pronto, y a pesar que la traición me estaba apuñalando en el corazón, ese momento llegaría. Estaba lloviendo.
Jen - June 17, 2006 01:50 AM (GMT)
Capitulo 7
“¿Hao?”
No hubo respuesta. Me levanté sintiendo la cama fría y solitaria mientras repetía su nombre una y otra vez, sin recibir respuesta. El cuarto era una coraza vacía sólo conmigo dentro, haciendo que el pánico se apodere de mi mente, y nerviosamente revisé la habitación, incluso miré dentro de su botella. Se había ido, sin dejar rastro, ni siquiera su calor. Me senté en la cama, tratando se recuperar mi aliento, pensando en lo tonta que había sido por esperar que Hao se quedara conmigo por tanto tiempo. Pero no tenía sentido dejarme ahora... ni siquiera había pedido mi tercer deseo. Caminé hacia el baño, sin molestarme en cerrar la puerta mientras me desvestía y entraba en la tina. Abrí el agua de la ducha sin poder distinguir cuales eran las gotas de agua y cuales eran mis lágrimas.
…Me gustaba la lluvia.
Porque no podías distinguir entre las lágrimas y el agua. Corrí hasta que mi sangre bombeó ácido y mis piernas gritaron por piedad, y me encontré cayendo sobre las rocas donde Proe se había sentado la otra vez en el lago. La lluvia creaba millones de oleajes sobro la superficie del lago, y casi parecía que todo el mundo estaba llorando por mi. Por ambos. Supongo que hay un momento en la vida de todos, donde el dolor, el sufrimiento y el enojo toman el control de la mente tan rápido que lo poco de cordura que posees simplemente desaparece. Maldije todo ese día, pensando furiosamente lo cobarde que era escapar de Yuki, de Proe, y de mi mismo. Es mejor haberse sentido amado de verdad por un momento, antes de no haberse sentido amado nunca.
¿Proe me amaba?
Me paré, ignorando el dolor proveniente de mis piernas y un pensamiento, como una flecha, atravesó mi mente. Tenía que saberlo.
Sabía que Hao había vuelto.
Sentí su presencia regresar al cuarto, y me congelé, tratando de escuchar todos sus movimientos. No entró al baño, y escuché algo tipo ropas deslizarse fuera de su cuerpo. Estaba asustada cuando lo escuché, y sabía que era tiempo de enfrentarlo; enfrentarnos mutuamente. Salí de la tina y me puse una bata de algodón, haciendo el proceso dolorosamente lento para él. Me estaba esperando... siempre lo estaba. Sus ojos brillando como si de un gato se tratase y el cuarto estaba oscuro como un profundo bosque, y la única luz era de la luna, iluminando su rostro... creando sombras. Sólo estaba vestido en su blanco calzoncillo, cruzado de piernas sobre un río de sábanas, y era obvio que había estado corriendo porque le faltaba el aliento y su cabello estaba mojado por la lluvia. Era hermoso... como un ángel caído... sin alas. Era inspirador y aterrador, y todo lo que podía hacer era respirar el frío aire y rendirme, sentándome en la cama, mi espalda contra él. Yo sólo estaba vistiendo una bata de baño, y el frío viento penetraba mi piel; temblé.
“Lo siento,” dijo.
Sacudí mi cabeza, dándola vuelta hacia él. “Hao... ambos sabemos que no podemos escapar de nosotros así.”
Un expresión de dolor apareció en su cara. “Lo se. Tenía miedo. Miedo de... amarte.”
Era una tonta. ¿Cómo pude haber ignorado esos ojos? Esas sonrisas duras y esa fría actitud, escondiendo ese creciente miedo. La culpa no tenía piedad, y mi corazón empezó a doler con el peso de sus palabras.
“Todo es tan frío y solitario,” continuó amargamente, su voz dura y áspera. “Traté... me resistí... para no amarte. Porque al final, nada sería real. Todo vacío. Pero me rendí... te amo, Proe. Y es por eso que–” se dio vuelta para mirarme a la cara, sus ojos quemando los míos, “necesito saber, Proe. Necesito saber si de verdad me amas.”
Una sonrisa se extendió por mi cara, y por primera vez, me hizo una pregunta que podía contestarle. “Te amo, Hao. Siempre lo haré. Y si te vas... todavía te seguiré amando.”
Una hermosa sonrisa apareció en su rostro, y lo necesitaba. “¿Siempre?”
“Siempre.”
Sentí sus brazos alrededor mío, y mi respiración se detuvo. “Te amaba porque eras la primera persona en preguntarme mi nombre. La primera que quería conocerme mejor. Eras la única que me amaba por ser quien soy.”
Su toque era como fuego; chispas y llamas. “Proe,” me susurró lentamente. “Déjame amarte ahora. Hagamos lo mejor de esto.”